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1. INTRODUCCIÓN
Dentro del arte de la Música, se entiende por Improvisación la creación espontánea de música, por contraposición a la ejecución de una obra previamente compuesta. Usando un símil lingüístico, diríamos que la improvisación equivale a “hablar o conversar” en lugar de “leer o recitar”.
Aunque la improvisación suele asociarse al Jazz o a la Música Moderna, conviene aclarar que sus orígenes son muy antiguos y forma parte también de la Música Clásica. Ya en la Edad Media se improvisaban “contrapuntos” sobre un “cantus firmus”, que era una melodía previamente compuesta. Y, más tarde, a partir del Barroco, era habitual el desarrollo de variaciones sobre temas conocidos. De hecho, entre sus más célebres exponentes podemos citar a músicos de la talla y renombre de Mozart, Beethoven, Paganini o Liszt.
Si bien la improvisación puede entenderse en un sentido muy amplio, generalmente consiste en crear una melodía adecuada para una progresión de acordes conocida. Es decir, se tiene una partitura con sólo acordes y hay que componer una melodía que “encaje” o “suene bien” con dichos acordes.
El procedimiento a seguir consta de dos fases:
- Para cada acorde o grupo de acordes hay que determinar qué escala o escalas son adecuadas para improvisar sobre ellos. Esta cuestión puede resolverse de diferentes formas, que se explicarán en los siguientes capítulos.
- Elegida una de estas posibles escalas, crearemos una melodía a partir de sus notas. Este aspecto puramente creativo queda a discreción del intérprete.
Por otra parte, recordemos que la Música es un Arte y como tal no está sujeta a reglas estrictas. Esto significa que, además usar las notas de la escala elegida, hay otros recursos de los que hacen uso los improvisadores. Por ejemplo, utilizar notas de paso, aproximación, anticipación, retardo y todo tipo de adornos.
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